Blog · Menú del día · 7 de octubre de 2025 · 5 min
El origen del menú del día: del menú turístico a la comida de diario
El menú del día nació como «menú turístico» en los años sesenta. Así pasó de pensar en los visitantes a ser la comida de diario de medio país.

Foto: Wolfgang Rottmann en Unsplash
Un invento con sello oficial
El menú del día parece algo que ha existido siempre, como el pan o la sobremesa. Pero tiene un origen bastante concreto: el «menú turístico» que se impuso en España en los años sesenta.
Era la época en la que el turismo empezaba a crecer con fuerza. Llegaban visitantes de toda Europa y la Administración quería dos cosas: que comieran bien y que no se llevaran sustos con la cuenta. La solución fue obligar a muchos restaurantes a ofrecer una comida completa a precio cerrado.
Hasta entonces, comer fuera era algo menos habitual para mucha gente y los precios variaban mucho de un sitio a otro. El menú turístico puso orden: un formato reconocible en cualquier ciudad del país.
Hoy aquel invento sigue vivo en casi cualquier barra del país. En Valencia también, y lo puedes comprobar con nuestro menú del día en Valencia centro.
Qué tenía que llevar el menú turístico
La normativa la impulsó el entonces Ministerio de Información y Turismo. Según se suele contar, aquel menú debía incluir al menos:
- Un primer plato, normalmente sopa, verdura o entrante.
- Un segundo de carne, pescado o huevos.
- Postre.
- Pan y vino, o la bebida correspondiente.
El precio dependía de la categoría del local y tenía que estar a la vista. La idea era sencilla: que cualquiera, hablara el idioma que hablara, supiera lo que iba a comer y lo que iba a pagar.
Junto a él convivía la carta de siempre. El menú turístico no la sustituía: era una opción más, pensada para quien quería comer completo sin complicarse.
No era alta cocina, ni pretendía serlo. Era comida casera, servida rápido y a un precio razonable. Justo lo que se sigue buscando hoy.
Del turista al trabajador
Con los años pasó algo curioso: el menú pensado para los turistas acabó siendo, sobre todo, el de la gente de aquí. Oficinistas, comerciales, obreros, dependientes… todos con una hora para comer y pocas ganas de cocinar.
La jornada partida, tan española, hizo el resto. Si tienes que volver al trabajo después de comer, necesitas algo completo, rápido y que no te arruine. El menú cumplía las tres cosas.
Con el tiempo, la obligación desapareció, pero la costumbre se quedó. Los bares y restaurantes siguieron ofreciendo su menú porque funcionaba: llenaba el comedor a mediodía y fidelizaba a los clientes de cada día.
Así nació el nombre que usamos ahora. El «menú turístico» dejó paso al «menú del día», un nombre que lo dice todo: cambia cada jornada, se sirve al mediodía y está pensado para quien vuelve mañana.
Qué queda hoy de aquel menú
La estructura casi no ha cambiado: primero, segundo y postre, con varias opciones en cada tanda. Lo que sí ha cambiado es la letra pequeña.
- La bebida. Aquel vino incluido ya no es la norma. En muchos sitios, la bebida va aparte.
- El café. Hoy es habitual elegir entre postre o café.
- Los suplementos. Los platos con producto más caro llevan un extra.
- Los días. Muchos menús son solo de lunes a viernes, y el fin de semana hay otra propuesta.
Y la cocina ha ido evolucionando. Junto a los guisos de siempre conviven platos de verduras, arroces o carnes que hace años no se veían en una pizarra de menú.
Por qué sigue funcionando
Han pasado décadas y el menú del día no solo resiste: es una de las costumbres más reconocibles de la forma de comer en España. Tiene sentido, porque le funciona a todo el mundo.
Para quien come:
- Sabe lo que va a pagar antes de sentarse.
- Come caliente, variado y en tres pasos, sin pensar demasiado.
- Termina a tiempo para volver al trabajo.
Para quien cocina, el menú permite trabajar con producto de temporada, cambiar platos según el mercado y llenar el comedor a mediodía con clientes que repiten. Muchos bares viven en buena parte de esa clientela fiel que viene casi cada día.
Es, en el fondo, un pacto sencillo: comida honesta a cambio de un precio justo. Mientras se respete, el menú del día tiene cuerda para rato.
Cómo lo hacemos en La Malcriada
Nuestro menú del día mantiene el espíritu de siempre, pero con cocina actual y sin postureo. Cuesta 16,90 € de lunes a viernes al mediodía (no en festivos) e incluye primero, segundo y postre o café. La bebida va aparte.
De primero puedes pedir unas bravas «La Malcriada», croquetas variadas, ensaladilla rusa o el plato canalla del día. De segundo, entraña de corte argentino, pescado del día, lasaña de verduras gratinada o arroz del señoret para un mínimo de dos. Los postres son caseros.
Los sábados y festivos tenemos menú de 23,90 €, con el mismo formato. Y si prefieres pedir suelto, échale un ojo a nuestra carta.
Estamos en una calle peatonal de Ciutat Vella, con terraza junto al parque. Aquí tienes cómo llegar.

De la teoría a la mesa
Menú del día · 16,90 €
Prueba el menú del día de siempre, con cocina de hoy
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el menú del día?
Del «menú turístico» que se impulsó en España en los años sesenta para ofrecer a los visitantes una comida completa a precio cerrado.
¿Qué incluía el menú turístico?
Según se suele contar, un primer plato, un segundo, postre, pan y bebida, a un precio fijo y visible según la categoría del local.
¿Es obligatorio ofrecer menú del día en un restaurante?
Hoy no. La obligación desapareció, pero la costumbre se mantiene porque funciona para clientes y restaurantes.
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